El lagunero se mudó a Viena hace año y medio, una ciudad “estable y tranquila” donde lucha por hacerse un hueco en el sector de laboratorio clínico y biomédico al tiempo que trabaja como cocinero y aprende alemán
El amor; ese sentimiento intenso que nos hace hacer locuras y que, en muchas ocasiones, nos lleva a dejar atrás nuestras raíces para ser feliz junto a la persona que amamos. Eso es lo que le sucedió al lagunero Álvaro Lázaro, quien tras dos años de relación a distancia decidió que las fronteras no iban a ser más un impedimento entre él y Danae, y tras mucho meditarlo hizo las maletas y se trasladó junto a ella a la capital austriaca de Viena, donde reside desde hace año y medio.
Álvaro subraya que esta decisión “no fue una huida ni un impulso”, sino que él tenía claro que su lugar en este momento estaba junto a ella, y, además, admite que Viena siempre le había parecido “una ciudad cosmopolita, abierta y con oportunidades laborales que no solo requieren de alemán como idioma principal, sino también de inglés” y que podía ser una buena oportunidad “en muchos sentidos”.
Tras haber pasado seis meses en Múnich en 2022, Viena no ha sido su primer contacto con los países centroeuropeos ni con el alemán, pero sí donde se ha encontrado una barrera en lo laboral con respecto a la lengua, pues aunque él estudió laboratorio clínico y biomédico, “y en Austria hay mucho empleo en este ámbito”, revela que el principal impedimento para acceder es que “en las ofertas hablan de equipos internacionales y lengua inglesa en los laboratorios, pero los papeleos los realizan en alemán”, por eso, su principal objetivo es hacerse con el idioma y poder entrar en el sector lo antes posible.
Mientras tanto, el joven trabaja como jefe de cocina en un pequeño restaurante, un empleo que le permite “una mejor conciliación”, ya que “los horarios están más regulados, abrimos antes y cerramos antes, de tal forma que me da tiempo a aprovechar mi tiempo libre”, y también es una puerta abierta a la gastronomía vienesa, sobre la que concluye que está a “un gran abismo de distancia de la española”. “La comida aquí es bastante más básica e insípida comparada con la española; las hortalizas, por ejemplo, tienen muy poco sabor, y la gastronomía no es especialmente variada. Por otro lado, los horarios están más adelantados, aunque yo sigo manteniendo mis horarios españoles para comer”.
Sobre las diferencias culturales, sostiene que “los vieneses son muy reservados, muy organizados y con un concepto muy marcado del espacio personal, ya que no les gusta que te metas en su vida, del mismo modo que ellos no se meten en la tuya”, pero añade divertido que “en verdad sí que se meten en tu vida sí haces cualquier cosa con la que no están de acuerdo”, puesto que a pesar de existir una gran diversificación y avances sociales, “también son muy conservadores y tradicionales, por lo que te dejan ser libre pero bajo unos límites de expresión”. Eso sí, matiza que esto se compensa con “la gran diversidad cultural que hay de gente que viene de otros países y que es más abierta”.
En cuanto a sus inicios, Álvaro recuerda que fueron “intensos”, sobre todo por el papeleo y la búsqueda de trabajo. “Vine solo con mis ahorros y ver cómo bajaban me generaba bastante presión, porque para mí significaba la posibilidad de tener que volver a España sintiendo que había fallado. Aun así, haber vivido antes en Múnich me ayudó a entender mejor cómo funcionan las cosas” y poco a poco se fue haciendo a su nueva vida, una que ahora mismo no cambiaría, pues, aunque echa de menos a su familia y amigos, y Laguna para él es “mi casa y los vínculos que allí he construido, ahora mismo ya no la siento del todo como tal”.
Sin embargo, tampoco descarta volver, pues “mi pareja es griega y mediterránea, y ambos sentimos que a largo plazo nos gustaría un entorno distinto a Viena. No tenemos ninguna prisa por cambiar, pero es cierto que España o algún otro país son posibilidades que nos planteamos el día de mañana”, y es que para este lagunero “vivir fuera te enseña a no aferrarte tanto a un lugar concreto, sino a buscar dónde te sientes mejor en cada etapa de tu vida”. Por ello, con esta filosofía por bandera, envía un mensaje de ánimo a todo aquel que quiera viajar y vivir nuevas experiencias. “A mí nunca me paró el miedo. Irse fuera no significa huir, sino elegir dónde quieres construir tu hogar, ya sea una persona o un lugar, y eso no siempre coincide con el lugar donde naciste, sino con dónde decides construirlo”.









