15 de junio de 2026
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‘Influencia de la geopolítica’, por Delfín Lozano

Opinión

1 de junio de 2026

La mayoría de sociedad, casi siempre, debate sobre el funcionamiento de la política de su entorno, diciendo que lo demás que sucede en el resto de mundo, “le viene muy de lejos”.

Posiblemente solo se dan cuenta cuando ocurre una crisis como la que viene sucediendo en Ucrania e Irán, que es capaz de variar los precios de los alimentos de primera necesidad, aunque siguen sin querer saber nada de lo que sucede en la geopolítica mundial.

Quizás también influya el cómo se está gestionando la información, ya que, sabido es, que jamás se dice a los medios lo que realmente se ha debatido en las alturas, sino que se crea un único y último punto a debatir, que suele ser, “qué decimos a los medios”. Estos, atendiendo también a su seguridad laboral, dicen lo que les dicen, y casi siempre no suelen dar solo la noticia recibida, sino que la adornan con su opinión personal, cosa que debieran dejar para que lo hiciera el ciudadano.

Posiblemente si el ser humano fuera capaz, en algún momento, de analizar la situación de la sociedad en el siglo XXI, se daría cuenta del tremendo error que se está cometiendo al no tener siempre, en su eje principal, la parte humana del ser humano, aunque también sea importante la económica, pero lo primero como forma de vida y lo segundo como una herramienta que debiera tener el ser humano para su desarrollo vital.

Basta ver al autodenominado ‘Rey del mundo’ (Donald Trump), que se comporta como un auténtico dictador, aunque él se defina como un liberal, y darse cuenta de que todo esto comienza a preocupar a los grandes grupos de pensadores, que ya lo denominan como un gran peligro para el total de la humanidad.

Posiblemente casi nadie se pare a pensar que lo más preciado que existe actualmente en la vida, porque así lo ha decidido el sistema económico, es el “dinero”, aunque este debiera ser “una herramienta para la vida del ser humano en la Tierra”. Esto, junto a la inmediatez que exigen las nuevas generaciones, el tan debatido tema sobre el cambio climático y la gran desigualdad existente, que no acaba de parar, es lo que marca a la sociedad del Siglo XXI.

Posiblemente mientras los megarricos no sean capaces de variar la forma actual del sistema económico, los pobres seguirán queriendo ser ricos y los ricos más ricos todavía, fundamentalmente porque en el ser humano suele ser así.

Quizás los que deciden en el mundo, que actualmente suelen ser los que más dinero tienen, no piensen en que la vida dura lo que dura y que de lo que se trata es de vivir lo mejor posible el tiempo que la naturaleza nos dé; y que de seguir así, nunca se solucionarán los grandes problemas que la sociedad tiene actualmente.

No se trata de que no haya clases sociales, ricos y pobres, si no de que, al menos, que no sea con tantas diferencias. Para ello sería muy importante que se reflexionara sobre qué sería conveniente regular, y, de alguna manera, parece prioritario controlar la tenencia y mantenimiento del dinero en el mundo, respetando, por parte de todos, la dualidad de los deberes y los Derechos Humanos.

Quizás, si los beneficios netos de cualquier actividad económica fuesen repartidos a un tercio, es decir, un tercio para la empresa, que tiene que financiar las nuevas inversiones, otro tercio para los accionistas de la sociedad, que deben ser remunerados por su riesgo, y el otro tercio para los trabajadores, el problema se podría acercar a una posible solución.

Posiblemente, si desde hace mucho tiempo se comenzó a analizar el concepto de que toda actuación política siempre debiera basarse en que “el fin no justifica los medios”, ahora nos damos cuenta que, ni el fin ni los medios, son los que una sociedad debidamente estructurada precisa.

Los que somos más maduros, vemos que los ciudadanos, en general, eran más demócratas en la época de la dictadura, generalmente más los de izquierdas, y estaban totalmente convencidos de la teoría de que “los fines no justificaban los medios”, pero, ahora, esas mismas personas dicen que depende cuáles sean los medios y, sobre todo, cuáles sean los fines. Así, si los fines son personales o para su entorno, pueden estar justificados.

Quizás nadie pueda contradecir algo que suele ser, y que es casi un instinto puramente humano, pero, al margen de los medios, los fines nunca han debido ser tan personales como parecen ser ahora. Uno siempre ha creído que eran globales, es decir, para toda la sociedad, no solo para una o varias personas, que ahora viven una situación determinada.

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