Profesora de la Escuela de Flamenco, la joven va a recibir el premio Bueyecillo al Personaje Cultural tras más de quince años entregada a una disciplina que ha unido a varias generaciones de vecinos
El flamenco llegó a la vida de Sara Ávila casi por casualidad. Con apenas cuatro años, cuando sus padres le preguntaron qué actividad extraescolar quería realizar, respondió «sevillanas y natación», sin imaginar que aquella elección acabaría convirtiéndose en su forma de vida. Treinta y cinco años después, la profesora de la Escuela de Flamenco de Boecillo va a recibir uno de los reconocimientos más especiales de su trayectoria; el Premio Bueyecillo al Personaje Cultural, un galardón con el que se premia su implicación durante más de quince años para convertir esta danza en un nexo de unión entre vecinos del municipio y de otras localidades.
Sin embargo, lejos de entenderlo como un éxito individual, Sara insiste en compartir el mérito con todas las personas que han formado parte de la escuela desde sus inicios, pues afirma con orgullo que no es solo suyo, sino «de toda la escuela», ya que para ella simboliza «el trabajo colectivo de años de esfuerzo, dedicación y amor por el flamenco de todas las personas que hemos pasado por aquí».
Recuerda, además, sus inicios en 2009, con aquellas primeras clases de 16 alumnas repartidas en los grupos de flamenco y sevillanas, y cómo en 2016 tuvo que trasladarse a Triana y dejar Boecillo con «gran pesar pero con una emoción increíble». «Allí pude profundizar en la esencia de este arte y encontré inspiración para muchas de mis coreografías actuales, y en mi tiempo allí nunca perdí el contacto con mis antiguas alumnas».
Finalmente, en 2024 retomó sus clases en Boecillo, pues algo en su cabeza le decía «se lo debes y te lo debes», y por eso decidió volver, algo de lo que no se arrepiente y se siente «muy orgullosa», pues de aquellas modestas clases de ocho alumnas ahora cuenta con la friolera de seis grupos y 70 alumnas no solo de la localidad, sino también de otros municipios, y como algo anecdótico «y bonito», destaca que a su vuelta «muchas de mis alumnas regresaron, pero no lo hicieron solas, sino que trajeron consigo a sus hijas», y es que, para Sara, esta danza «no son solo pasos y técnica, es algo que se lleva dentro, un arte que une, que crea vínculos y amistades y que trasciende al aula».
Además de las clases, la Escuela se ha convertido en un motor cultural para Boecillo, y al margen de los espectáculos de fin de curso, las bailarinas y su maestra participan habitualmente en galas benéficas, ferias y eventos solidarios en toda la comarca. Han colaborado con asociaciones como la AECC o iniciativas sociales vinculadas al Hospital Clínico de Valladolid, además de organizar este año el primer flashmob, a las puertas del Ayuntamiento, para celebrar el Día Internacional del Flamenco.
Sara defiende el flamenco como una disciplina capaz de mejorar la salud mental, la memoria y la autoestima, pero sobre todo como una forma de sentir, y por ello su objetivo es seguir formándose y hacer que, cada curso, «las personas que entren en la sala de espejos salgan habiendo aprendido algo más que baile y habiendo sentido el flamenco en su corazón».









