22 de julio de 2026
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Del corral a la mesa, cuando Laguna de Duero se abastecía sin necesidad de supermercados

Retrospectiva

21 de julio de 2026

Durante el pasado siglo la accesibilidad a los alimentos era más limitada que en la actualidad, cada vecino tenía animales y huerto en casa, la comida era de temporada y los ultraprocesados no existían

Hubo una época en la que Laguna de Duero no necesitaba de los grandes supermercados para vivir el día a día; años en los que, simplemente, estos grandes almacenes de comida no existían o se podían encontrar solo en las ciudades, mientras que, en los pueblos, los colmados, ultramarinos, las pequeñas carnicerías y pescaderías, y los alimentos a granel como la leche en las casas en las que había ganado eran el pan de cada día. Y es que el encontrar un supermercado en cada esquina era algo que nuestros padres y abuelos ni siquiera podían imaginar por aquel entonces, pues cuando ellos necesitaban comida solo tenían que salir al patio y recoger los frutos o animales que ese día iban a sustentar a la familia.

Entre los años treinta y los setenta, Laguna de Duero podía contar con los dedos los comercios de alimentación del municipio, alguna tienda, dos o tres carnicerías y pescaderías y “poco más”. Aunque a un paso de la capital, los laguneros podían encontrar todo lo que necesitaban sin salir de casa, pues cada vecino disponía de su propio huerto o corral de animales, y la única compra que se hacía era la de aceite, galletas o leche.

En cuanto a estos productos, el colmado era el lugar elegido para abastecerse, y como aclaración para los más jóvenes, los plásticos no eran lo más habitual del momento, con lo que estos se dispensaban a granel; las galletas se envolvían en papel, el aceite en botes de cristal que los clientes llevaban de casa, y la leche en las lecheras, también de los propios vecinos. Además, sobre esta última, apenas era necesario ir a las pequeñas tiendas a por ella, pues se podía ir directamente a las casas en las que había ganado para comprarlo.

Por su parte, las hortalizas y las legumbres eran el plato estrella en cada cocina, pues los cultivos de regadío estaban a la orden del día y, en menor medida, los de secano, a los que se sumaban los huertos particulares. Guisantes, alubias, garbanzos o lentejas, pero también remolachas, patatas, pimientos, zanahorias, tomates, cebadas y trigos y, aunque ahora parezca algo muy lejano, “unos melones que de dulces que estaban se abrían solos”. Laguna y sus vecinos eran su propio supermercado.

En cuanto a la carne y el pescado, lo más habitual en cada casa eran las gallinas, los conejos y los cerdos, de tal manera que para comer huevos o pollo solo había que recoger el gallinero. En cuanto al cerdo, la fiesta de la matanza que actualmente se celebra en febrero en la plaza de los Lavaderos no es solo un evento de ocio, sino que rememora una fuente de alimentación muy importante en las casas de antaño, cuando durante meses se criaba el cerdo que más tarde iba a dar de comer a la familia durante todo el año. Y aunque ahora parezca una broma, el pescado era la comida de los pobres, en especial el bacalao, que es tan común en las fiestas navideñas.

De esta manera, los platos que primaban en la mesa eran legumbres y como estrella el cocido, para cenar pescado, y los días de fiesta paella. Eso sí, todos y cada uno de esos alimentos eran frescos, ya que ‘la cadena de frío’ no era un concepto muy conocido, y aunque la variedad de alimentos era limitada, la comida era ‘de temporada’ y la palabra ‘ultraprocesados’ no estaba ni en el vocabulario, ni en los pequeños comercios.

Y lo mismo ocurría con la fruta, pues aquellos que se permitían el lujo de comerla era, bien porque tenían árboles frutales o porque sus carteras les daban la posibilidad de comprarla a los vendedores ambulantes que llegaban con un carro al municipio desde Valladolid.

Con la llegada de los supermercados, la accesibilidad a los alimentos cambió de manera radical, la importación de productos de otros países abrió las puertas a las frutas y verduras de fuera de temporada, la variedad de alimentos durante todo el año era mucho mayor y, por consiguiente, se empezó a no depender tanto de lo local. Los productos congelados o conservados y la comida rápida hicieron su aparición en escena, y aunque en general la disponibilidad y variedad ha mejorado, y ahora también se cuida más la seguridad de los productos, la realidad es que este fácil acceso y la abundancia de comida ha originado también muchos problemas en la salud y el medio ambiente que en su día no existían.

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