El lagunero lleva dos años viviendo en Budapest, y aunque admite que el país húngaro se diferencia con España en “bastantes cosas”, “también somos semejantes en muchas más”
«Con pesar”, así es como el lagunero de 30 años Andrés Brezmes abandonó hace dos años su pueblo y su país en busca de “un futuro laboral que no tenía en España” Un futuro que, de momento, ha encontrado en la ciudad húngara de Budapest, donde reside desde que en 2024 encontrara un trabajo que se ajustaba a sus estudios y necesidades. Hasta entonces, Andrés solo conocía la ciudad de vacaciones, pero eso le bastó para enamorarse de la vida y la belleza de cada rincón, lo que se sumó a una oferta laboral que no pudo rechazar.
Desde ese momento, y aunque no es el primer país extranjero en el que reside, pues por estudios también ha estado en Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda, Budapest se ha convertido en el hogar de este lagunero, que admite sentirse como en casa porque “la vida es muy similar a la que podría tener en España”, ya que, tal y como cuenta, “trabajas de lunes a viernes, y luego tienes muchas oportunidades para hacer actividades como pintura, deportes, cultura, música en vivo…”. Eso sí, con la salvedad de que la gente “no es tan abierta con los desconocidos”. “Son muy recios y valoran mucho sus tradiciones y estilo de vida, así como su cultura local, desde la música y la literatura hasta la política y la religión, rechazando las tendencias y corrientes que vienen desde Francia o América”.
Andrés cuenta que, “como todos saben, es un país frío y las personas reaccionan acorde, pues en invierno anochece a las tres de la tarde, pero en verano todo el mundo está en la calle o en el parque con temperaturas que llegan hasta los 34 grados, leyendo un libro o simplemente tomando algo con amigos, jugando a las cartas y al dominó y también se organizan barbacoas en los embarcaderos del río; además, hay muchos eventos como música al aire libre, exhibiciones de caballos, rastros y mercados medievales organizados por parte de las autoridades y en su inmensa mayoría gratuitos”. Sin embargo, matiza que hay un gran contraste a nivel social y económico en todo el país, ya que o se vive en una ciudad muy urbana “con las casas típicas soviéticas y edificios de la época imperial, o lo haces en un pueblo de 32 habitantes con más cabras que censados”.
En cuanto al aspecto laboral y lo que llevó al lagunero hasta este país, Andrés trabaja en IBM en el departamento de compras, realizando los contratos y las licitaciones para toda la Unión Europea con un foco especial en España y Portugal. “En términos nominales el salario es el mismo, pero las condiciones son mejores; tienes más vacaciones, seguros médicos privados, teletrabajo, tickets de comida, ayuda para viajes de vuelta a casa y la retención de la renta es siempre el mismo porcentaje y lo hace la empresa”, y es que, según subraya “aquí se entiende que el trabajo es parte de tu vida pero no tu prioridad absoluta, y te dan flexibilidad y conciliación muy fácilmente”.
Por ello, admite que al trabajo y a las costumbres no le costó mucho adaptarse, aunque los comienzos fueron “muy difíciles”, puesto que “los húngaros no suelen alquilar pisos a extranjeros, y la burocracia es muy complicada de manejar, ya que te piden demasiados papeles aunque seas ciudadano europeo, de hecho, en más de una ocasión me planteé contratar a una gestoría, y a ello se suma el idioma, que es uno de los más difíciles de Europa, y después de dos años sigo sin dominarlo”.
Sobre la cultura gastronómica, la cocina húngara “tiene muchas carencias”, según comenta, pues “el pescado no existe y la verdura es limitada, son sobre todo comidas copiosas con un plato contundente acompañado de sopa y pan”, pero admite que en cuanto a repostería tienen un abanico muy variado con “postres muy raros pero muy ricos”.
Andrés revela que, aunque “la calidad de vida que tengo aquí no la pudo encontrar en Valladolid y Madrid, tengo mucha morriña y quiero volver”, ya que, tal y como apunta, “echo de menos cosas pequeñas como ir de vermú, hacer planes después de cenar y no a las cinco de la tarde o simplemente no tener que estar traduciendo todo constantemente”.
De cara al futuro, se plantea regresar cuando haya adquirido más experiencia profesional y las oportunidades laborales mejoren en nuestro país, y mientras tanto quiere vivir aventuras como conocer Australia o Brasil. Por ello, su objetivo es seguir desarrollándose profesional y personalmente para “ser capaz de formar una familia numerosa”, y cumplir su sueño de “dejar de ser asalariado en una oficina y poder dedicarme a algo que realmente me apasione y disfrutar de una jubilación temprana para poder ver mundo”.









