La empresa familiar fundada en 1986 se consolida como referente del pan artesanal en la comarca con cuatro tiendas en la localidad y una en Valladolid
Desde 1986, Obrador Castellano se ha convertido en un nombre imprescindible en Laguna de Duero y su entorno. Lo que comenzó como el sueño de una familia trabajadora es hoy una empresa consolidada que combina tradición, esfuerzo y calidad en cada hogaza de pan que sale de sus hornos.
Antonio Blanco y Dolores Valencia fueron los impulsores de este proyecto que nació del amor de Antonio por el oficio de panadero. En aquel año decisivo, 1986, ambos tomaron una arriesgada decisión: dejar su empleo habitual —Antonio trabajaba en la fábrica de Renault— para emprender un camino propio y convertirse en la despensa de pan del municipio. Con una primera amasadora y una furgoneta F6 con la que repartían el pan por las calles, comenzaron a forjar una historia empresarial basada en el trabajo constante y la cercanía con los vecinos.
La primera tienda, ubicada en la calle Pensamiento —actual despacho de pan—, fue el germen de esta sociedad familiar. Pronto, los hermanos Benito, Pablo, Antonio y Roberto se incorporaron al obrador, trabajando codo con codo junto a sus padres. Fueron años de jornadas interminables y sacrificio, siempre con el objetivo de hacer crecer el negocio y mantener intacta la esencia artesanal que los definía.
El esfuerzo dio sus frutos en 1997, cuando la familia adquirió una nave en el Polígono de Los Barreros, equipada con las infraestructuras necesarias para atender la creciente demanda sin renunciar a la fabricación tradicional. La expansión continuó con el suministro de pan a numerosos municipios del alfoz de Laguna de Duero y a Valladolid capital. La buena evolución empresarial les llevó incluso a abrir en Valladolid, donde el trabajo y la tradición siguieron siendo la seña de identidad.
En 1998, una enfermedad del patriarca marcó un punto de inflexión. Fueron entonces sus hijos y Dolores quienes asumieron las riendas del negocio, consolidando el legado familiar y garantizando su continuidad.
El secreto del éxito de Obrador Castellano reside en el mimo con el que elaboran el pan cada mañana. Utilizan productos de la tierra y harinas de excelente calidad, apostando por masas frescas frente a productos congelados. A pesar de la evolución tecnológica, continúan amasando y horneando de manera tradicional, con panes cocidos en el día en hornos tradicionales. Junto al pan, también destacan por su repostería, bollería y pastelería de elaboración propia.
Casi cuatro décadas después de su fundación, el futuro de Obrador Castellano pasa por mantener la misma línea de calidad, tradición e ilusión con la que comenzaron su andadura, demostrando que el sabor auténtico y el trabajo bien hecho siguen teniendo un lugar privilegiado en la mesa de los vecinos.










