21 de octubre de 2026
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«Escuchar la bocina y pensar: soy campeón del mundo, es una sensación rarísima»

Boecillo

21 de octubre de 2026

Francisco Cazurro, portero de la selección española de balonmano en silla de ruedas, repasa el camino hasta el oro mundial, el trabajo y los sacrificios detrás del título y el orgullo de llevar el nombre de Boecillo por todo el mundo

A sus 52 años, Francisco Cazurro ha besado el oro al tiempo que ha hecho historia, pues se ha proclamado campeón del mundo de balonmano en silla de ruedas junto a la selección española; un título que aún está asimilando y que le cuesta creer, aunque sabe que la realidad es que puede decir “muy orgulloso” que es miembro de la primera selección que consigue dicho logro en la historia de este deporte adaptado.

Cazurro se introdujo en el balonmano a finales de 2019, cuando fue a probar un entrenamiento en Inclusport, la asociación sin ánimo de lucro promovida por el ex jugador y actual seleccionador Óscar Perales. Desde entonces, este mundial ha sido el segundo para el guardameta boecillano, quien debutó en 2021 con la primera selección. Sin embargo, afirma que algo en el equipo actual le decía que eran diferentes. “Creo que lo que tiene de especial esta selección es que tenemos alma. Durante el año entrenamos separados, pero cada vez que nos juntamos la sensación es de confianza, de que remamos todos hacia el mismo lado, buscando nuestra mejor versión para que los resultados lleguen, y prueba de ello es que, desde aquel debut, hemos conseguido el título en tan solo cinco años”. Revela que en ningún momento pensaron que podrían ser campeones del mundo, “pero cuando una selección se lleva muy bien, sabe lo que tiene que hacer, y cuando tienes además un staff que te lleva perfectamente, ya tienes el trabajo hecho”.

Bajo su punto de vista, el momento clave del mundial fueron los cuartos de final contra Brasil. “Jugamos el partido de forma muy seria, estuvimos concentrados y, cuando ganamos, todos cambiamos el chip y dijimos: podemos con estos, con los siguientes y con los que vengan”.

Sobre la final contra Japón, asegura que fue “una auténtica montaña rusa”, y en su caso lo vivió desde la portería con nerviosismo, pues además de ver todo el campo de juego, también era consciente de que quienes lanzaban a la portería eran algunos de los mejores tiradores del mundo. “Pero cuando sonó la bocina y pensé: somos campeones, fue una sensación rarísima”, apostilla risueño.

Subraya que el balonmano adaptado “es un deporte de equipo en el nadie destaca, todos somos uno”, y en esta línea pone en valor el trabajo de las 21 personas que han formado el equipo y el staff, ya que manifiesta que “este título es de todos”. A modo de anécdota, cuenta cómo Boecillo ha estado acompañándolo en todo momento, pues atada a su silla ha llevado durante todo el campeonato la pulsera de la Virgen de la Salve de las patronales de este año. “Ha sido mi amuleto y una forma de llevar cerca mi pueblo, y cuando enmarque la camiseta y la foto, la pulsera también tendrá su lugar”.

Con vistas al futuro, Cazurro desea que esta copa dé al balonmano en silla de ruedas “la visibilidad que se merece”. “Sabemos que en España es un deporte minoritario, pero esperamos que este título sirva de efecto llamada para aficionados, pero sobre todo para conseguir apoyos; que nuevas empresas se acerquen para ayudarnos, nos conozcan y vean el trabajo que hay detrás”, y añade que lo que necesitan es “que la gente nos vea, que se nos haga visibles y, sobre todo, que la gente nos apoye”.