14 de abril de 2024
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‘La solidaridad’, por Delfín Lozano

Opinión

17 de marzo de 2022

La solidaridad no se pregona, se practica

Posiblemente los habitantes de la Tierra estemos llegando a una situación límite y solo renunciando al modelo de consumo que tenemos y practicando la solidaridad bien entendida, o sea sin esperar nada a cambio, podríamos continuar caminando.

Con la enorme posibilidad de información que poseemos en este siglo, cualquier cabeza humana puede percibir que con el consumo exagerado que practica una gran parte de la humanidad, -por ejemplo España, tira a la basura más de 7,7 millones de toneladas de alimentos al año- estamos acabando con las existencias de la Tierra.

Quizás con una actuación, al margen de los gobiernos, donde la ciudadanía fuera capaz de adaptar su consumo a las necesidades vitales de este tiempo, sería suficiente para que en todo el planeta se alcanzara una igualdad en lo más mínimo, como es la comida.

El ser humano tiene adscrito en sí mismo el instinto de supervivencia, que luego lo va adaptando a su forma de vida, y en función de su ubicación social lo va ampliando a sus necesidades, llegando, en un alto porcentaje, a una situación de tal individualismo que solo cabe la solidaridad cuando se recibe, de alguna manera, algún tipo de compensación.

Quizás no queremos enterarnos de que los problemas de la sociedad los ha creado la propia sociedad, sí es cierto que unas partes más que otras, pero todos contribuimos a ello, sobre todo por la falta de criterio a la hora de consumir lo necesario y siempre pretendiendo ser algo más que el vecino.

Si nos paramos a analizar cómo nos venden la práctica de la solidaridad -la cual algunos compran-, podríamos analizar una serie de actuaciones que se vienen practicando, como las siguientes:

1º Vemos que cuando aparece un problema global, como puede ser la pandemia, todos los sectores económicos solicitan ayudas a los diferentes gobiernos, haciendo uso de una lamentable retórica sobre lo imprescindibles que son para la vida de todos los ciudadanos, no parándose a pensar que los gobiernos pagan con el dinero de los ciudadanos.

2º Parece ser que hay algunos milmillonarios que, después de haber llenado sus carteras, se transforman en personas muy solidarias y crean fundaciones con las que pretenden eliminar el hambre en el mundo. Es muy curioso ver que mientras se publican sus grandes donaciones a la causa, su situación en el ranking de Forbes no desciende, por lo que se percibe que con la creación de fundaciones obtienen grandes rebajas fiscales y que la promoción de sus actividades, como consecuencia de la gran obra de solidaridad que realizan, les supone continuar siendo igual o más ricos que al principio.

3º De igual manera, los medios de comunicación utilizan la solidaridad para que personas de prestigio en cualquier actividad aparezcan con colaboraciones en actos de forma totalmente altruista y por supuesto muy solidaria, pero no explican que con ello están realizando auténticas campañas de publicidad para lo que nos quieren vender, y que si no fuera así, su costo de promoción sería muy superior al del altruismo que predican.

4º También diferentes colectivos de actividad pública, como pueden ser los del mundo de la política, de la investigación, sanitarios, fuerzas armadas, de la justicia, etc. aprovechan siempre momentos delicados de un país para reivindicar cuestiones muy justas para ellos, pero nunca se acuerdan del resto de la ciudadanía, que casi siempre están por debajo de sus compensaciones.

5º Quizás también sería interesante profundizar en la práctica de la solidaridad en las diferentes religiones, que ofrecen a sus clientes, por su solidaridad, la posibilidad de ir al cielo, donde van a vivir de ”puta madre”, con lo que esto no se llama solidaridad, se llama egoísmo.

6º Quizás habría que recordar que los trabajadores de las administraciones públicas realizan su trabajo como lo realizan los de las empresas privadas y nunca la sociedad convoca aplausos en los balcones de apoyo a colectivos como albañiles, fontaneros o cualquier otra actividad más física, que también cumplen con su trabajo y suelen percibir más bajas compensaciones.

7º No podemos olvidar la práctica de la solidaridad de los independentismos, que solicitan un mejor nivel de vida para su territorio, pero nunca para el conjunto de la sociedad y en la que los sindicatos de implantación nacional solo defienden unas mejoras laborales para su causa en su territorio.

Si el conjunto de la sociedad resulta que es tan solidaria como lo que nos venden y sin detenerse a pensar que muchas de estas actividades vienen derivadas de actuaciones en las que la parte económica corresponde a nuestros impuestos, nos daríamos cuenta de la gran mentira que nos están vendiendo.

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