1 de marzo de 2024
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Los Carabina, el amor a las raíces y a Laguna hecho familia

Sociedad

13 de noviembre de 2023

Con más de 240 integrantes y siete generaciones, estos laguneros organizan un encuentro cada cinco años para hacer un repaso de su historia, conocer sus orígenes y dar la bienvenida a los nuevos miembros

Cuando preguntas qué tienen en común una carabina y Laguna de Duero puede que parezca el inicio de un chiste, pero si esa misma pregunta la haces en esta localidad vallisoletana, nadie va a dudar en su respuesta. Y es que aquí, carabina no es el arma propiamente dicho, sino una singular familia muy conocida por todos y que desde hace unos años celebra sus orígenes laguneros y familiares con un encuentro de lo más divertido.

Pero para poner en contexto primero hay que explicar de dónde viene este apodo… Se remonta a 1849, concretamente a Víctor Pérez Encinas, el primer lagunero en recibir este pseudónimo que le venía dado por un rasgo de su personalidad que hacía que para todo tuviera respuesta, y que sus contestaciones fuesen tan rápidas como el disparo de una carabina. Víctor tuvo varios hijos, de los cuales solo sobrevivió Marciano, de quien surgió la tercera generación –porque en esta familia algo muy característico es que hablan por generaciones-, y de los once descendientes de Marciano solo seis vivieron hasta bien mayores, dando lugar a una larga estirpe y a un árbol genealógico con unas raíces muy arraigadas.

Y es de ese amor por su pueblo y por el recuerdo de todos sus antepasados de donde surgió la idea, hace casi veinte años, de celebrar un encuentro de carabinas, es decir, de todos aquellos sucesores. La enfermedad de una tía –miembro de la tercera generación- y su posterior defunción, hizo realidad este plan que ya sobrevolaba los pensamientos de Angelita y su hija –cuarta y quinta generación, respectivamente-. Así, en 2004, esta familia celebró por primera vez una ‘Carabinada’, como ellos lo llaman.

Angelita cuenta que, cuando empezaron a organizarlo, pensaban que tan solo acudirían a la cita unas 30 personas, pero, para su sorpresa, el encuentro congregó a un total de 215. Una cifra que ha ido variando en cada una de las quedadas, pues según narra Merce –quinta generación- “no siempre puede ir todo el mundo, por eso lo hacemos cada cinco años”. Además, la muerte de unos y el nacimiento de otros, también ha hecho que esta cifra inicial oscile mucho, y en la actualidad los Carabina son más de 240 descendientes y siete generaciones, entre los que hay una diferencia de 96 años entre Martina, la más mayor, y Mateo (dos meses), el más joven.

Entre risas, Angelita, Merce y María –cuarta, quinta y sexta- comentan que, de la ‘Carabinada’ inicial, a lo que hacen ahora, han evolucionado. “Ya no nos conformamos con la misa y la comida, y este año hemos incluido también un desayuno”. Y es que estos encuentros tienen un esquema que en cada edición va incorporando variaciones, pero que siempre mantienen la misma esencia.

De este modo, la familia se suele reunir el último fin de semana de septiembre (cuando ha tenido lugar, este año, su quinto encuentro), y en la iglesia de la Asunción se congregan para dar paso al primero de los actos del día; la imposición del pañuelo a los nuevos miembros, una tradición que se le ocurrió a Bego –quinta generación-, por la que cada rama de descendientes de la tercera generación llevarían un pañuelo que lo identificase con su antepasado: amarillo para los de Gerardo; morado para Eulogio; naranja para Ángela; blanco para identificar a los de Eugenia; rosa para los de Emilia y verde para Miguel. De esa manera, antes de dar paso a la misa, uno de los carabina más longevo es el responsable de colocar su respectivo pañuelo a cada uno de los recién llegados, y aunque los colores suelen ser variados, María, Angelita y Merce admiten que los morados son los que más predominan.

Después de este particular rito de iniciación, tiene lugar la misa y posterior comida, no sin antes hacer un lanzamiento de globos de cada uno de los colores al cielo, en honor a sus ancestros y cantar el himno de los Carabina, una tonadilla basada en el propio himno de Laguna pero que ensalza el cariño y arraigo de la familia a su localidad natal.

En la comida es cuando el recuerdo a los primeros carabinas toma más fuerza, pues, Bego, quien también es la encargada de recopilar toda la información que pueda acerca de la familia –tarea que le lleva tras la pista de los carabinas por todos los pueblos de España-, relata la historia de sus predecesores cuando los estómagos están llenos, así como las nuevas averiguaciones que ha hecho sobre el linaje y que poco a poco van completando su árbol genealógico. María recuerda que hace cinco años descubrieron que sus raíces llegaban hasta Castrillo de Duero y que estaban emparentados con el mismísimo Empecinado, y en esta ocasión han llegado al año 1600, concretamente a la Sierra de Gata… porque según dicen “la estirpe de los carabinas no tiene límites”.

Pero por si el relato de Bego no fuera suficiente, esta historiadora también se encarga de preparar –con los carabinas más pequeños- unas representaciones que permiten traer al presente a los antepasados y dar a conocer sus costumbres y personalidades, ropa de la época para que realicen un teatrillo con sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos como protagonistas.

Tras la puesta al día de los nuevos descubrimientos, se da paso al baile y, a mitad de este, tiene lugar otra de las tradiciones más importantes para los carabinas: el brindis con chocolate, ya que según explican Merce y Angelita, “si en un encuentro de carabinas no hay chocolate, no hay fiesta”. Admiten que un rasgo que los caracteriza es ser muy golosos, y que esta bebida caliente es algo que no puede faltar en cumpleaños, Carabinadas y, sobre todo, en la preparación de esta singular fiesta. Además, como recuerdo de cada una de ellas, “y como si fuera una boda”, se hace entrega a todos los miembros de un detalle muy especial, como por ejemplo pines con la imagen de los fundadores, pulseras o botellas de vino del Empecinado.
Emocionada, Angelita sostiene que “este encuentro es algo que se cuenta pero que hay que vivir”. “Es un día en el que lloras, te ríes, en el que tienes las emociones a flor de piel, y no por ser la quinta vez que nos reunimos te conmueve menos, sino todo lo contrario”, pues traer de vuelta aunque sea a la memoria a los que ya no están, recordar esos inicios y reafirmar la unidad que identifica a la familia hacen de las Carabinadas unos momentos íntimos y exclusivos.

Porque sin duda, familias numerosas hay muchas, pero como los Carabina solo hay una. Orgullosos de ser como son, de ser golosos, de ser de Laguna y, ante todo, de su historia, pues si no fuera por ella, las raíces de su árbol genealógico no serían tan fuertes y sus nuevas hojas crecerían separadas de esta frondosa copa que hoy es marca insignia de su unidad.

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