20 de julio de 2024
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‘Una opinión más sobre la inteligencia artificial’, por Delfín Lozano

Rincón para la reflexión

20 de marzo de 2024

Con el comienzo del nuevo año y haciendo una breve reflexión de cómo se encuentra la política global en estos momentos, vemos que va a ser un año muy complejo: nos encontramos con la celebración de elecciones en unos 70 países del mundo, cuyo desarrollo y decisión van a afectar nuestra vida diaria.

Posiblemente, al ser en países que, en su conjunto, suman más del 50% del PIB Mundial, como pueden ser Estados Unidos, la India o la Unión Europea, sus decisiones repercutan enormemente en países como España, que, después de la implantación de la globalización en el mundo, es muy dependiente de todo lo que suceda en el exterior.

Como parece claro, solo hay elecciones en los países donde se encuentra implantada una democracia, la cual está bastante erosionada a escala global y de ello tienen mucha responsabilidad los llamados populismos, que ofrecen “malas respuestas a buenas preguntas” y llaman a deteriorar las instituciones. Todo ello para convencer a la población de sus postulados, los cuales ya está demostrado que al final dicen lo que dicen y hacen lo que hacen, pero casi siempre en beneficio de una minoría.

Seguramente cada ciudadano tenga en su mente los problemas que él considera, pero, por intentar aunar opiniones, podríamos decir que, en la actualidad, además de los problemas virales, quizás las fuertes tensiones en la geopolítica mundial, con más de 50 guerras abiertas y la intromisión de la inteligencia artificial en los próximos procesos electorales, sean algunos de los grandes inconvenientes de los procesos abiertos o que se van a abrir este nuevo año.

Centrándonos en la implantación de la inteligencia artificial, que no solo es en la comunicación, o sea los móviles, es cierto que existe algo que toca a todo lo que la ciencia viene desarrollando últimamente, y es que en una sociedad como la que tenemos, donde el dinero ha privado al ser humano de su independencia personal, todo lo que aparece como nuevo es comprado por el conjunto de la sociedad, y quizás antes debería haberse regulado por los diferentes estados.

Después de que la inteligencia artificial lleve mucho tiempo en nuestras vidas, posiblemente la única razón que exista del por qué no se ha regulado antes sea porque a los dueños del dinero no les ha interesado y han esperado a que los diferentes gobiernos del planeta comiencen su regulación, cuando ya tenían asegurada su primera y enorme rentabilidad y el total dominio de la sociedad en su uso habitual.

El hecho de la Unión Europea haya sido la primera que ha impulsado una Ley Regulatoria de la Inteligencia Artificial, solo nos puede dar cierto orgullo, pero posiblemente hayan llegado demasiado tarde y ahora no hay dios que pueda controlar nada, salvo dar a esta nueva tecnología más poder y mucha mayor aceptación social.

Nunca se ha puesto en duda la conveniencia de que la ciencia investigue, porque eso se suele hacer, es cierto que quizás se dediquen pocos recursos para ello, pero lo que también es verdad es que toda la investigación, de una u otra forma, es concebida como algo para lo que suelen llamar, una mejora tecnológica o para la evolución de la humanidad.

Esa mejora tecnológica suele utilizarse por las empresas que la desarrollan y que para disfrazar esa utilización indican, lo que generalmente suele ser cierto, que se utiliza para conseguir más creación de empleo y lógicamente más rentabilidad económica, pero casi nunca en un beneficio directo para los seres humanos que habitan en la Tierra.

Posiblemente esta reflexión se podría realizar en cualquier sector, pero el de la inteligencia artificial es, quizás, el que está más en boga en estos años, el cual, como en todos los sectores empresariales, luego utiliza esa investigación tan solo con una visión puramente económica y eso sería lo que la sociedad debería analizar.

Quizás pueda ser cierto lo que algunos medios indican, que la culpa es de la sociedad y que, en función de su utilización, puede ser bueno o malo para ella, pero también es cierto que los poderes, fundamentalmente los económicos, vierten sobre los ciudadanos, sin tener en cuenta su edad o situación social, una serie de medias verdades o mentiras directas y siempre actúan ante la sociedad con una prepotencia no parcial.

Posiblemente y entendiendo todo lo que plantea cualquier persona o medio, existan razones convincentes de la implantación de las muchas y avanzadas tecnologías del último siglo, pero también posiblemente todo lo que el ser humano descubra o invente debería ser, única y exclusivamente para el bienestar humano y social de todas y cada una de la personas que habitan en la Tierra.

Conscientemente, en una sociedad como la actual, donde no existe independencia económica personal, la solidaridad brille por su ausencia, y con el exagerado individualismo que provocan la redes sociales, sea muy difícil plantear alguna alternativa, pero ya surgirán los salvapatrias y nos lo arreglarán, aunque seguro que ellos cogerán la mejor parte.

Quizás pueda ser cierta una frase que se usa muy asiduamente: “sin investigación no hay progreso”, pero habría que regular los beneficios de esa investigación para que lo que se investiga sea luego una herramienta para uso de toda la sociedad, no un fin en sí mismo para que, incluso sin usarla, haga más ricos a los ya ricos y se incremente cada día más la gran desigualdad social en el planeta.

Si nos desprendemos un momento de nuestras realidades diarias, que unas veces son negativas y otras positivas, y ponemos los pies en el suelo, vemos que habitualmente solo nos centramos en nuestra realidad personal y la de nuestro entorno, cuando, si todo actualmente está globalizado, quizás deberíamos pensar más de forma globalizada y abrir nuestra mente a una sociedad de 8.000 millones de habitantes de diferentes culturas y que nos sobrepasan en número de habitantes.

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