Aunque la situación de la sociedad, en general, parece que no varía mucho, lo que suele suceder es que mientras la gran mayoría de ella intenta pasar la vida lo mejor posible, el grupo de los privilegiados del mundo, o sea, casi siempre los milmillonarios y sus adláteres, pasando por la complicidad inconsciente de los famosos palmeros, siguen cometiendo el mismo error de los últimos años: el exceso de información, que confunde enormemente a los ciudadanos, aunque todo esto pueda ser premeditado.
Posiblemente en la actualidad preocupan los problemas de la época: natalidad, la inmersión de migrantes y la longevidad; en ellos se puntualiza la necesidad de realizar una regulación y una adaptación a la época actual, pero posiblemente, al menos, cabe el asumir la situación actual con una rebaja mundial de las horas de trabajo, que palie la necesidad de que el ser humano se vea más activo y a la vez se distribuya el trabajo necesario, aunque para esto la sociedad choca con la postura inentendible del sistema económico.
Como primera medida, ya los expertos del sistema económico actual han puesto a trabajar a la tecnología digital y, a través del Big Data y de sus algoritmos, han comenzado a predecir los problemas que consideran que van a crear los inmigrantes. Pero en vez de pensar en una posible solución de la desigualdad de escalada mundial, decide endurecer un sistema legal, con leyes que coarten la evolución de las nuevas generaciones, en sus respectivas culturas.
Quizás exista un descredito de la verdad, que es preocupante: la utilizan las religiones como una revelación de algo, los políticos abusando de las mentiras, los intelectuales la relacionan con la identidad, pero nunca se debate la verdad como algo universal, y esto está llevando a acabar con la ética y con las democracias.
La defensa del concepto verdad es difícil. La gente ya ha perdido su ilusión en el debate, diciendo que cada uno tiene su verdad, pero sin darse cuenta que esto solo sirve para que al final se consiga entrar en la ley del más fuerte, siendo siempre este el que más dinero tenga.
Basándonos en la enorme falta de criterio que tiene la sociedad actual, los grandes gurús del capitalismo, con el ánimo de que el sistema económico actual perdure, han comenzado a trabajar en los únicos eslabones que les quedaban, que es en la educación, los sentimientos humanos y las emociones. En este sentido, han aprovechado la pandemia, donde una mayoría de centros educativos han continuado estudiando vía digital, cosa que hay que reconocer su utilidad, pero que puede ser muy complejo para el ser humano.
Desde Google están recogiendo información de los profesores, del alumnado y de las familias, para conseguir que los centros se conviertan en fábricas de datos que luego puedan ser comercializables y continuar ejerciendo todo el poder económico.
Posiblemente esto nos lleva a donde la sociedad ha comenzado a perder las libertades logradas durante el Siglo XX, pasando de la esclavitud con cadenas físicas, a la esclavitud consentida y complaciente de la dependencia de tendencias interesadas y casi siempre con un objetivo material.
Posiblemente sería bueno reflexionar en esta situación global, reivindicando dentro de la propia sociedad la necesidad de políticas y políticos que sean capaces de percibir este futuro, que el futuro actualmente tiene espacios muy cortos, que no vale solo el cambio de lo tecnológico por los valores y sentimientos humanos y que siempre nos queda la capacidad intelectual a la cual habría que darle mucha mayor importancia.
Posiblemente en esta reflexión y en otras, se dé por hecho que el enemigo a batir es el sistema económico, injusto hasta la saciedad en cuanto a comportamientos humanos. Luego, si tenemos en cuenta también, el poder casi absoluto que tienen y que cualquier ataque frontal está perdido de antemano, hay que reflexionar sobre cómo los ciudadanos podemos trabajar dentro del sistema e ir ganando algo de terreno, para intentar humanizar la sociedad.
La capacidad que se le ha dado a lo largo de los años al sistema nos lleva a admitir el poder que ha obtenido, que por un lado ha adormecido a la sociedad más representativa, en base al consumo y con su idea de que la sociedad debe de estar estructurada (cosa en la que prácticamente todos están de acuerdo). Así, utilizan a los partidos políticos, sindicatos y resto de organizaciones como elementos de freno de una sociedad libre, con lo que la experiencia nos dice, en la actualidad, que una nueva forma de hacer política es absolutamente necesaria.









