Angelines de la Cal recibió este año el reconocimiento a los Oficios del ayer: una mujer que durante casi 30 años regentó una tienda de tejidos y una academia de costura en Laguna, vistiendo a laguneros de todas las edades
«Tu dame la tela que yo me encargo del resto”. Esta es la frase favorita de esta modista lagunera cuando le hacen algún encargo, y digo ‘es’ porque, a sus 80 años, Angelines de la Cal no se ha apartado, ni piensa hacerlo, del mundo de la costura; un universo de telas, hilos y agujas en el que lleva inmersa desde que era niña y que le ha hecho llevar una vida donde confeccionar, y enseñar a hacerlo, ha sido una de sus mayores alegrías, y lo ha hecho siempre con tal entrega que el pasado mes de marzo recibió el reconocimiento de todo su pueblo en el homenaje de ‘Los Oficios del Ayer’.
Agradecida y emocionada por este galardón, Angelines comenta que su vida “ha sido y es: coser, coser y coser”, y recuerda nostálgica cómo la costura le fascinó desde que era pequeña. “Cuando tenía seis o siete años, y aunque seguro que ahora los más jóvenes no saben lo que es eso, las mujeres salían a la puerta de sus casas para hacer sus labores, y yo me sentaba con ellas y también hacía mis cosas, que, en aquellos tiempos, pues se centraba sobre todo en mis muñecas de trapo”.
Pero es que la curiosidad y la pasión de aquella niña le llegó también a la adolescente, y con 15 años comenzó sus estudios de corte y confección en la academia Serrano, ubicada entonces en Arco Ladrillo, a donde iba cada día desde Laguna en bicicleta con la sonrisa y la ilusión plasmadas en su rostro. “Y desde aquel momento”, repite risueña, “coser, coser y coser”.
Tras casarse se mudó a ‘Híbridos Americanos’, una pedanía casi olvidada de Laguna donde comenzó su carrera profesional de modista. “Allí empecé a hacer clientes, pues mujeres de Aldeamayor o El Otero, en Herrera de Duero, y también de la urbanización La Corala, me hacían algún que otro encargo, y poco a poco me fui haciendo un nombre”, hasta que en 1983, “gracias a lo que había ahorrado desde los quince años”, abrió su tienda de tejidos y telas en plena avenida Madrid y una academia donde enseñaba costura con dos turnos de mañana y dos de tarde.
Como anécdotas de su época en la tienda, rememora con cariño cómo tan solo dos años después de abrir la tienda “comerciantes de la localidad de distintos sectores hicimos un desfile en Torrelago en el que participé con mis chicas de la academia, y, además, también he diseñado colecciones que luego han desfilado en las pasarelas que montaban en Vallsur”.
Vestidos de madrina, de comunión, de invitada, pero también ropa del día a día… no había nada que se le pusiera por delante, llegando incluso a confeccionar un vestido con cerca de 3.000 swarovskis para la Virgen del Villar. “Antes no había ropa, o no tanta como ahora, solo telas, entonces tenías que hacer de todo, y yo con una tela hago auténticas maravillas”.
De hecho, la que tuvo, retuvo, y como decía al principio, Angelines no se ha retirado del mundo de los textiles ni después de jubilada, pues, cuando cerró la tienda, hizo lo propio con su academia, pero sus alumnas no estaban dispuestas a perder sus clases, y después de insistirle consiguieron que, desde hace doce años, las imparta en el Centro de Día, donde aún conserva sus mañas y su cuidado en los detalles, y no pasa “ni un fallo” en la confección.
Por si fuera poco, la lagunera no deja un momento la aguja, y además de su tarea como profesora también participa en el Belén Viviente de Laguna elaborando el vestuario que actores y actrices de todas las edades llevan en esta representación. Inspirada en películas para hacer los diseños y continuamente pendiente de qué podría añadir a este traje o cómo podría mejorarlo, esta modista está en todo momento “al pie del cañón”, pues, tal y como admite, “siempre he tenido claro que hay que cumplir los plazos y he sido muy rigurosa en mi trabajo, e incluso si me he tenido que quitar de dormir para terminar algo, lo he hecho”.
Y aunque admite que el trabajo de modista está “muy poco valorado y no está pagado”, Angelines vive y siente la costura en sus venas, y no se corta al decir que es algo que le apasiona y disfruta, advirtiendo a sus vecinos de que todavía queda modista para rato y, si en algún momento hace falta su pericia con las telas, allí estará ella, como una superheroína del corte y confección.









