20 de junio de 2024
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Eleuterio Arribas Santos, el último partero y practicante de Laguna de Duero

Retrospectiva

8 de enero de 2024

Responsable del nacimiento de miles de laguneros, fue popular por ejercer este oficio durante el pasado siglo, atendiendo a todas las familias, sin distinción, en su emblemática bicicleta, en unos tiempos en los que el municipio apenas disponía de servicios sanitarios.

Frente a los avances de los que disfrutamos hoy en día, hasta bien entrado el siglo pasado los pueblos apenas disponían de servicios sanitarios, hasta el punto de que los barberos ejercían, a su vez, el oficio de practicantes o parteros. Desde tiempos inmemoriales, al igual que los ministrantes, estaban autorizados para hacer cirugías menores bajo supervisión del facultativo municipal, dando lugar a otros oficios como el de dentista a finales del siglo XIX.

Estos profesionales, que no disponían de demasiada formación en aquellos siglos, eran conocidos también como sangradores, ya que hasta el siglo XIX se creía que muchos problemas de salud surgían del exceso de sangre, cuyo «excedente» retiraban a través de cortes o del uso de sanguijuelas.

En su ‘Cronicón’ de Laguna de Duero, el historiador Javier Palomar data en 1641 el primer registro que existe del oficial de barbería y cirujano de la aldea de Laguna, llamado Francisco Blanco. Posteriormente, en 1716, existen documentos sobre Manuel Agudo, barbero y sangrador, quien aparte de afeitar a los laguneros «sangraba y echaba ventosas y sanguijuelas a los enfermos», asistiendo todos los casos de «cirugía».

Más de un siglo después, las graves pestes sufridas hicieron necesario contar con facultativos con más preparación y conocimiento, de modo que, en 1860, se cambió en Laguna la plaza de cirujano sangrador por la de facultativo médico cirujano, con una asignación de 8.000 reales de salario y casa pagada. Este contaba con apoyo del barbero y sangrador, pero no era su tarea, y parte de su salario lo aportaba el concejo para asistir a las veinte familias pobres que existían entonces en el municipio. El resto, directamente lo pagaban entre los vecinos.

Llegado el siglo pasado, Laguna contaba con su facultativo, si bien las dependencias de salud eran muy deficientes. Fue entonces cuando Eleuterio Arribas Santos (1907-1999) se decidió a dedicarse al oficio de practicante, ayudando a todo aquel vecino que necesitara de su asistencia. Como barbero, practicante y partero, fue muy popular y apreciado, pues atendía a todas las familias, independientemente de su clase, y gracias a él nacieron muchos niños y niñas sanos que hoy en día siguen viviendo en la localidad.

Lo hacía gracias a su inseparable bicicleta, la cuál le ayudaba a llegar desde su casa, entre la calle Real y la calle Arrabal, a la vivienda que precisara de sus servicios. En una época en la que era habitual encontrar complicaciones o directamente la muerte a la hora de dar a la luz -tanto de la madre como de los bebés- esta labor era más que indispensable. El propio Timoteo Herrero señalaba que el trabajo de Eleuterio se realizaba «en tiempos de hambre y penuria y con escasos medios».

En el BOE del 22 de septiembre de 1949 se le concedió oficialmente el cargo de practicante de Laguna. En ese momento no existía el actual Centro de Salud, el cuál se puso en marcha treinta años más tarde, en vista del inminente crecimiento del municipio.

Precisamente en la entrada de este centro se recuerda y homenajea -desde 1999, año de su fallecimiento- la figura de Eleuterio Arribas, a través de una escultura elaborada por Lorenzo Duque. Esta obra, además de un homenaje personal, se extiende a todos aquellos profesionales que dedicaron su vida a prestar ayuda sanitaria a sus convecinos, permaneciendo alerta todos los días del año por cualquier urgencia que pudiera suceder en unos tiempos en los que las ambulancias no llegaban a las embarradas calles de las aldeas.

En 2016, se instaló además una placa junto a esta escultura, para contextualizar y explicar la historia de Arribas. Algunos de sus descendientes se emocionaron, en este acto, al recordar a Eleuterio, quien sigue saludando, cada día a quienes acceden al ambulatorio.

En la imagen, fotografía de algunos de los descendientes de Eleuterio Arribas, junto a la estatua erigida en su honor junto al Centro de Salud, en 2016, cuando se colocó una placa explicativa junto a esta obra de Lorenzo Duque.

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