13 de junio de 2024
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Ena Sedeño, la actriz que llevó el nombre de Laguna a las principales carteleras y teatros de todo el país

Retrospectiva

5 de octubre de 2022

La intérprete lagunera desarrolló una intensa carrera teatral y cinematográfica aprovechando el boom de la posguerra, trabajando con iconos que marcaron su época

Entre los laguneros más ilustres a nivel nacional, destaca una vecina que llegó a lo más alto del panorama teatral y cinematográfico durante el pasado siglo. Filomena Sedeño Giménez, conocida como ‘Ena’, supo sin duda aprovechar el boom teatral y cinematográfico de la posguerra, destacando en producciones junto con los iconos más reconocidos de su época. Aunque no llegó a protagonizar ninguna obra o filme, sus papeles secundarios o de reparto le ayudaron a estar siempre presente en el mundo de la farándula.

Concretamente, Ena nació un frío 29 de noviembre del año 1899 en Laguna, donde fue bautizada en la Iglesia de la Asunción por el entonces cura Víctor Hernández. De madre cordobesa y padre castellano, su vecindad lagunera fue fruto de la casualidad: su padre, Francisco Sedeño, estaba destinado precisamente en nuestro municipio como jefe de estación de tren. Y es que apenas cuatro años antes, en 1895, Laguna de Duero acaba de estrenar su propia estación, integrándose en la ruta ferroviaria de Valladolid a Ariza. Por entonces, el de su padre era un trabajo muy bien pagado, y ello permitió a su familia labrar un buen futuro a sus hijas a través de unos estudios, un lujo que, por entonces, la mayoría de la población no podía permitirse.

Ena comenzó a estudiar, por tanto, la carrera de perito mercantil, aunque pronto decidió abandonar sus estudios para dedicarse en cuerpo y alma a perseguir su verdadera vocación: ser actriz. Así, inspirada por las obras cinematográficas y teatrales de comienzos de siglo, se marchó a estudiar Arte Dramático a Barcelona y a Madrid, donde se estaba produciendo un crecimiento de esta profesión y las producciones de la época superaban el consumo de otras grandes capitales europeas.

La lagunera compaginó su trabajo tanto en el cine como en el teatro. Debutó sobre un escenario en Valencia, junto al actor Julio Cerro. Allí participaría en varias compañías de renombre, como actriz secundaria o de reparto, ganando una experiencia clave que la llevó a afianzarse en la profesión. Años después, lograría incluso fundar su propia compañía, un desafío importante en una época en la que las mujeres solían estar apartadas de los cargos directivos.

Asimismo, apareció por primera vez en la gran pantalla en 1935, con 36 años, en ‘La hija de Juan Simón”, una película dirigida por Sáenz de Heredia en compañía del propio Luis Buñuel, un genio del momento. Desde entonces, y tras la Guerra Civil, pasó a ser una habitual en los filmes españoles de la época, participando en un total de 29 películas a lo largo de su dilatada andadura. Algunos títulos, como ‘Margarita se llama mi amor’, ‘Marcelino pan y vino’ o ‘La mentira tiene los cabellos rojos’, han pasado a la historia del cine de nuestro país. Pese a que no alcanzase nunca un papel protagonista, a Ena jamás le faltó el trabajo, llegando a presentar nueve obras y cuatro películas en un mismo año. Actuó en 45 obras teatrales, representando clásicos de autores como Enrique Jardiel Poncela. La última vez que se subió a los escenarios fue en 1959, con ‘El hombre que se vestía de perro’, estrenada en el Teatro Victoria de Madrid, si bien participó en obras como ‘Dulcinea’, ‘El nido ajeno’ o ‘Las peripecias de Tanín y Bombón’.

La desgracia le llegó a Ena en 1961, cuando, durante la grabación de la película ‘Martes y Trece’, una co-producción hispano-portuguesa de Pedro Lazaga. Allí, en pleno rodaje, una campana la golpeó, sufriendo un accidente que le obligó a abandonar el proyecto y a retirarse de la profesión. Fue, sin duda, un final repentino y cruel para una de las actrices de reparto más recurrentes en los estudios y escenarios del país durante casi tres décadas.

Tan solo cinco años después del episodio que le mantenía forzosamente apartada de su vocación, y cuando contaba con 67 años, Ena murió en Madrid, en 1966. La actriz fue enterrada en el cementerio de La Almudena, donde aún se encuentra su sepultura. La lagunera representó nuestro municipio por los teatros y carteleras de todo el país durante tres décadas, y aún hoy, al buscar su nombre entre las páginas de los clásicos cinematográficos, sigue presente el nombre del municipio que le vio nacer y donde se crió.

Asunción Sedeño: una promotora del movimiento asociativo femenino

Ena no fue la única persona de su familia que supo abrirse hueco en una sociedad donde las cosas no eran sencillas para las mujeres que querían labrarse una carrera de forma independiente. Su hermana, Asunción Sedeño, quien compartía los orígenes andaluces de su madre, fue también una destacada profesional. Además de historiadora y pedagoga, fue promotora del movimiento asociativo femenino en España, gracias a la fundación de la Asociación Nacional de Amas de Casa, la cuál actualmente conserva su nombre en la sección de la Comunidad de Madrid. Fundada en 1963, la entidad fue registrada por Ascensión, su hija y algunas amigas más, siendo el germen de una Federación Nacional que ganó bastante protagonismo durante muchos años.

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