20 de enero de 2026
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‘Reflexión actual’, por Delfín Lozano

Opinión

20 de enero de 2026

En este caso, y dada la situación de crispación de la sociedad actual, sirva para su análisis lo que opina la cantante y escritora norteamericana de 78 años, Patti Smith, que dice que nunca ha visto el mundo tan movido por el poder y el dinero.

Queda bastante claro que el ser humano, en la actualidad, precisa, como casi siempre, de un techo donde cobijarse, al que nuestros antepasados lo denominaban como el “reposo del guerrero” y una cantidad de dinero que le permita vivir dignamente.

En el aspecto puramente mental, que la neurociencia lo denomina como “socialización”, es quizás el tema más complejo de realizar en la actualidad, y más en ciertas generaciones. Esto es debido, entre otras razones, a la famosa crispación, que tanto medios de comunicación como políticos han creado y que, casi todo, se debe a su amplia necesidad de adquirir dinero para vivir.

Quizás en este aspecto quede suficientemente claro que lo único justo que se debería defender es lo que realmente se precise para nuestra estancia en la Tierra, y esto no es nada fácil de conseguir, porque cada ser humano precisa disponer de dinero para poder vivir y su miedo y, a veces, su necesidad, le obliga a estar de acuerdo con casi todo lo que la sociedad realiza, sabiendo incluso que la mayoría de las decisiones que toman los gobernantes o gestores de la sociedad no le van a ser favorables.

En otro orden de cosas, vemos que cuando se vislumbran nuevas elecciones, las dos partes que tienen la ocasión de engañar más a la ciudadanía, -que suelen ser la familia política y la de los medios de comunicación- se ponen en marcha y procuran convencer, sobre todo, al montón de palmeros que tienen en su cabeza la mal entendida democracia y que entre todos la están matando.

La puesta en marcha de una campaña electoral suele tener un enorme costo económico y un enorme y desastroso confusionismo ciudadano, porque para los medios, no nos confundamos, cualquier tipo de campaña, es una gran forma de vender y ganar más dinero, y para la parte política sirve para que un montón de profesionales aseguren su futuro económico.

Posiblemente el poder económico haya conseguido lo que no esperaba conseguir nunca, que es que la gran mayoría de ciudadanos se conviertan en auténticos palmeros y voten en función de lo que crean que van a conseguir, siempre en forma material, cuando lo que de verdad se está destruyendo es la realidad de lo que es una democracia.

Quizás sea importante decir que no nos olvidemos nunca de que el auténtico poder lo tienen los milmillonarios, que, bien liderados por el señor Trump y el señor Xi Jinping, son los que deciden lo que deben hacer los políticos de turno, que también suelen estar muy bien compensados, y a algunos, si estorban, los eliminan.

Mientras esto ocurre en el mundo, la mayoría de ciudadanos están detrás de cómo poder conseguir dinero para poder comer y votan a cualquiera que les riegue la oreja, con propuestas, casi siempre económicas, que nunca se van a realizar, en principio porque ni ellos se las creen, y tan solo les motiva el cuánto van a conseguir ellos.

Posiblemente pueda ser el momento de comenzar a pensar -aparte de que lo de pensar no esté muy de moda-, que se podría recurrir a algunos pensadores profesionales, como José Antonio Marina o Byung-Chul Han, que además de dedicar su vida a pensar y que por ello cobran, nos aporten experiencias que posiblemente nosotros solos no seamos capaces de llegar a ninguna conclusión.

Estos grandes pensadores, en sus reflexiones, matizan cuestiones como que las ideologías son patógenos mentales que anulan el pensamiento crítico del ser humano o que el sistema neoliberal nos ofrece una libertad ficticia, basada en la autoexplotación, todo ello guiado por el gran poder que se le está dando a la Inteligencia Artificial, porque suele generar una gran rentabilidad, en detrimento de la inteligencia natural.

Todo esto podríamos adaptarlo a la situación de crispación que está viviendo la sociedad que se suele denominar civilizada, donde, de forma general, se consiguió una democracia que nos ha dado más de cincuenta años de tranquilidad, pero que esto no solo hay que conseguirlo, sino que hay que mantenerlo.

Quizás, si todo el mundo aportara lo conveniente, esto sería posible, pero con la cantidad de palmeros que han surgido en los últimos tiempos, en todas las ideologías, es prácticamente imposible, sobre todo por la falta de criterio y por un posible exceso de interés humano por lo material.

La denominación del palmero se basa en el problema que han instado los poderes económicos, adormeciendo a parte de la sociedad, sobre todo a las personas, que con su lucha han conseguido una mejora en su bienestar social y se han olvidado de que cualquier forma de vida que se consiga, luego hay que mantenerla.

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