María López lleva viviendo fuera diez años, primero en Italia y ahora en Reino Unido, donde afirma que existe una “gran riqueza cultural” y cada día descubre un rincón nuevo, aunque no descarta “seguir viajando y descubriendo el mundo”
Con la inquietud de descubrir un lugar nuevo, experimentar la vida sola y el deseo de explorar una cultura diferente, María López Casado se marchó a Italia en 2015 a través de una beca Erasmus, donde el encanto de la ciudad de Bari la enamoró de tal manera que no dudó en mudarse allí durante cuatro años. Sin embargo, la precariedad laboral le hizo plantearse nuevos horizontes, y su alma viajera le llevó a hacerse azafata de vuelo, lo que le envió directa a Nottingham, en Reino Unido, ciudad en la que instaló su residencia para más tarde irse a Londres, donde lleva viviendo desde hace seis años.
En total, la lagunera lleva fuera del entorno del lago desde hace diez años, algo que asegura que “no cambiaría”, pues aunque echa de menos aspectos como la familia, el terraceo o las tapas españolas, su vida en Inglaterra es “bastante buena”. Según explica, su experiencia como azafata no duró mucho, pero una ventaja del país vecino es que “el trabajo se encuentra con facilidad y ahora me dedico al sector de los eventos en un hotel”. “Yo no he trabajado nunca en España pero, por lo que me cuentan amigos y familiares, es habitual tener trabajos temporales, mientras que aquí eso solo es común para bajas o cosas puntuales, pues lo normal es que te hagan un contrato indefinido tras el período de prueba”. Eso sí, sobre este aspecto matiza que, aunque el nivel salarial es más elevado, “la vida en Inglaterra cuesta un pastón, así que con el sueldo mínimo vives igual de ajustado que en España”.
Ritmos de vida acelerados es algo que la joven también apunta como “muy común”. De hecho, comenta entre risas que a veces tiene la sensación “de que no tengo tiempo para nada”. Pero si hay algo que le encanta es la multiculturalidad que caracteriza Londres, ya que según afirma, “hay muchas etnias y religiones, y todos nos enriquecemos y empapamos de los demás”. Además, este detalle “marca la diferencia”, puesto que, según María, “la principal diferencia cultural con España es la gente, y hay veces que los ingleses de tan educados que son, son incluso falsos”. “Son más fríos y reservados, y tener un amigo 100% inglés es muy complicado, de hecho, somos los extranjeros los que acabamos conformando círculos propios, también porque entendemos las dificultades de estar lejos de casa”.
Por otro lado, destaca que aún llevando tanto tiempo viviendo allí, “es increíble la cantidad de barrios chulos y eventos llamativos que hay, y todos los que me quedan por descubrir”, todo ello con la salvedad de la meteorología, aunque aclara que haberse criado en una provincia como Valladolid ya le ha curtido del frío. Y admite que, con respecto a la comida, “no es tan rica como en nuestro país”.
“Uno de los platos principales es el famoso ‘Fish and chips’, es decir, filete de merluza empanado con patatas, casi, casi, lo que se les da a los niños en España como menú infantil”, explica, y añade que “sí que tienen otros platos típicos que están buenos como el pastel de hojaldre relleno de carne o el ‘Sunday Roast’, que es un plato con carne asada, verduras y un pan típico que se parece al churro, pero por lo general su gastronomía es bastante pobre, que se complementa con la variedad de restaurantes de muchos países”. Por eso, lo que más echa de menos son “los terraceos y las tapas”, así como los horarios de las comidas, porque aunque en su día a día mantiene el horario español, si sale fuera tiene que acomodarse a la costumbre inglesa.
La lagunera admite que no le importaría volver a España el día de mañana. Sin embargo, adelanta que antes le gustaría cambiar de aires y “descubrir nuevos lugares como Dubái”, y revela que puede que a finales de año su vida de un giro y se traslade a Dublín. Por ello, su sueño es seguir viajando y explorando el mundo antes de regresar, encontrar un trabajo que le apasione relacionado con la moda y formar una familia, pero hasta entonces seguir aprendiendo idiomas “aunque a veces cueste”, “y que el día de mañana no pueda decir que me arrepiento de no haber hecho algo”.
“Vivir fuera es algo que hay que experimentar al menos una vez en la vida; te abre la mente y te hace crecer como persona al tiempo que aprendes mil cosas nuevas y lo pasas bien y, de todo lo malo, siempre puedes recoger tus cosas y volver a España, pero al menos lo has intentado”.










