15 de julio de 2024
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1977: Laguna inaugura nuevo depósito con motivo de la construcción de Torrelago

Retrospectiva

8 de junio de 2020

Al principio, la elevada fuerza del agua del nuevo tanque causaba la rotura de tuberías en el casco urbano, lo que hizo que se instalaran válvulas reductoras de presión

Popularmente conocido como ‘la seta’ o ‘el platillo volante’, por su peculiar forma, y visible desde varios kilómetros de distancia, el depósito de Laguna de Duero se ha convertido en un icono de referencia de nuestro municipio. Su estructura caracteriza el skyline lagunero, y ha sido a menudo objeto de reproducciones fotográficas y artísticas. Lo que muchos desconocen es que, tras su puesta en marcha, el nuevo depósito llegó a ser un auténtico quebradero de cabeza para el primer gobierno democrático de nuestro Ayuntamiento.

Su construcción se remonta al año 1977, año en que, precisamente, acababan de arrancar las obras de Torrelago, proyectadas cinco años antes. Consciente de las nuevas necesidades que tendrían los 5.000 vecinos que pronto habitarían las recién estrenadas viviendas, la promotora del proyecto, CALPISA, puso en marcha las obras para el nuevo tanque de agua. Estas fueron financiadas por la empresa alicantina, al tener esta la obligación legal de responsabilizarse de toda infraestructura necesaria para prestar los servicios correspondientes a sus urbanizaciones.

El lugar escogido para la construcción del nuevo tanque fue el cerro del Villar, una elevación que supera en 20 metros la altitud con respecto al casco urbano. El proyecto consistió en una base sobre la que sostener un depósito elevado de 650 metros cúbicos, con una copa de forma troncocónica que fue elevada gracias a la instalación de unos encofrados deslizantes. Con una cota mínima y máxima del agua, desde el suelo, de 27 y 33 metros respectivamente, el agua almacenada quedaba suspendida a una altura de alrededor de 50 metros sobre el nivel del casco urbano, ejerciendo una considerable presión nunca vista hasta la fecha.

Precisamente fue esta gran presión, producida por la altura, la que provocó problemas al inicio de su funcionamiento. Tal y como recuerda el primer alcalde de la democracia, Francisco Delgado, quien llegó al gobierno en 1979, “al ponerse en marcha causó tantos problemas que decidimos que se siguiese usando el depósito tradicional para servir a la zona del pueblo”. El problema era que la elevada presión provocaba la rotura de tuberías en las casas antiguas del casco urbano, que a menudo reventaban por la gran fuerza del agua.

Si, como recuerda el primer alcalde, ya había cierto choque social con motivo de la llegada de los nuevos habitantes de Torrelago, el gobierno del momento no podía permitir que ello se viera agravado por este motivo. Por ello, los concejales trabajaron a nivel técnico y lograron aplicar el uso de válvulas reductoras de presión a fin de regular la fuerza del agua que llegaba al casco viejo. A su vez, los edificios de Torrelago –y los de más de cuatro alturas- tendrían que utilizar bombas de elevación para permitir el ascenso del agua a las plantas superiores.

“Por aquel entonces el Ayuntamiento era una institución recién engrasada, y los mismos concejales teníamos que ponernos manos a la obra para resolver cualquier problema técnico que surgiese”, apunta Delgado, quien subraya que en aquel período “no había recursos ni competencias”. En definitiva, la puesta en marcha del depósito fue otro más de los pasos lógicos que dio el municipio para garantizar los servicios a una población que pasó en pocos años a triplicar su población.

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