24 de marzo de 2026
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Leticia Otero: «Ser donante te permite alargar la vida de otras personas, y eso vale oro»

Sociedad

23 de marzo de 2026

Cirujana torácica del Vall d’Hebrón, esta lagunera ya ha visto, durante su corta experiencia, el frenetismo y la dureza de esta rama de la medicina, pero también la felicidad que irradian los trasplantados.

Dos horas. Ese es el tiempo que la residente de cirugía torácica Leticia Otero tiene para prepararse y organizar todo el material cuando el deber le llama y se presenta sin previo aviso la oportunidad de hacer un trasplante. Ya esté dentro del hospital o bien paseando tranquilamente por Las Ramblas, el tiempo corre en su contra y cada segundo cuenta, así que allá donde se encuentre tiene que apresurarse para montar el equipo con el que llevarán a cabo la extracción y posterior implantación de los pulmones, a lo que se suma el aviso y las pruebas previas a los dos posibles receptores y que deriva en un cúmulo de más de 24 horas sin dormir y con los cinco sentidos a pleno rendimiento; un ritmo de vida «frenético y muy duro que no está hecho para todo el mundo».

Aunque su pasión por la medicina nació de la casualidad y de su profesor de Física y Química del IES María Moliner, quien en segundo de bachillerato le dijo que «tenía madera», durante la carrera, la lagunera descubrió las delicias de poder salvar vidas y la magia detrás de la cirugía torácica. Así, tras realizar el examen del MIR no dudó en especializarse en esta rama médica, que le llevó hasta el hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, en el que lleva más de un año y medio desarrollando su residencia, pues si algo tenía claro a la hora de elegir, es que el centro donde realizaría su especialidad tenía que hacer trasplantes de pulmón y, en este caso, tan solo ocho hospitales de toda España lo hacen.

Leticia cuenta cómo funciona el sistema de trasplantes, desde que la ONT (Organización Nacional de Trasplantes) y la OCAT -el organismo procedente en Cataluña- reciben la oferta de donación hasta que finalmente esta se lleva a cabo. «Son ellos quienes nos avisan y nos pasan los datos del donante para que los estudiemos. Entonces se empieza a preparar toda la logística, no solo materiales y operaciones, sino también avisar a todo el personal implicado y a los receptores para que vayan al hospital para hacerles unas pruebas previas y ver si pueden recibir o no los pulmones, y para eso tienes dos horas antes de salir a la extracción». Y es que, si los órganos son válidos, el equipo quirúrgico se traslada hasta el centro en el que se encuentra el donante para hacer la extracción, que según comenta la lagunera, dura entre 6 y 8 horas, y después regresa a Vall d’Hebrón para realizar el implante que, «si no hay complicaciones, puede durar entre 4 y 6 horas».

«Como residente, si quieres aprender tienes que estar presente en ambas intervenciones, así que además de ir a trabajar por la mañana y hacer la extracción, te quedas a la implantación, por lo que muchas veces estás despierto todo un día y hay que tener mucha resistencia y concentración, ya que el paciente necesita que estés al 100%», explica. Comenta también que este tipo de órganos no tienen mucha vida fuera del cuerpo, por lo que su colocación en el receptor tiene que ser «casi inmediata» y la operación es «arriesgada», ya que cada pulmón se introduce de manera aislada «y el paciente tiene que aguantar con uno hasta que ponemos el otro». Pero, sin duda, Leticia admite que el momento más emocionante es cuando los nuevos pulmones comienzan a expandirse «y ves que tu trabajo ha sido un éxito», a lo que se añade «la alegría que irradian aquellas personas que ya se daban por vencidas y que ahora tendrán una nueva oportunidad», pues si hay algo que a esta cirujana le llena el corazón es lo que significa ser donante; «poder alargar la vida de otra persona me parece una de las cosas más bonitas del mundo».

Leticia admite que hay momentos muy «difíciles», como, por ejemplo, «cuando tenemos que hablar con las familias que acaban de perder a un familiar y preguntar si quiere donar, o después de las pruebas tener que decir a los receptores que solo uno podrá ser trasplantado o que finalmente los pulmones no son válidos». «Hay que tener mucha resistencia emocional, y para aguantar el día a día nos apoyamos mucho en nuestra familia y amigos, pero sobre todo entre compañeros, que son quienes entienden lo que es esto».

Pero, a pesar de esos instantes, tiene claro que está en lugar correcto y que ama su profesión, y que el día de mañana quiere ser donante, puesto que «dar la oportunidad a alguien de que cumpla sus sueños cuando tú ya no puedes vale oro, y quiero ser parte de esa felicidad».

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