El lagunero lleva ocho años viviendo en Inglaterra, y aunque se fue por un cambio de aires, ahora su vida está en la ciudad inglesa de Plymouth, donde cada día le dicen que es “más inglés”.
Fruto de la casualidad y de la precaria oferta laboral que en aquel momento había en Valladolid, el lagunero Santiago Redondo vio una vía de escape en el Erasmus que le ofrecieron desde el IES María Moliner de Laguna de Duero tras acabar el módulo de Electricidad. Esta oportunidad consistía en viajar a Inglaterra y asentar sus conocimientos en otro idioma, y sin pensarlo dos veces y con el objetivo de cambiar de aires, al tiempo que buscaba nuevos nichos laborales, voló hasta Plymouth, una localidad que desde hace ocho años se ha convertido en su hogar, el inglés en su idioma y la cultura del país vecino en una mezcla de la suya propia.
Pero no todo es motivo de celebración. A sus 31 años, Santiago recuerda que los comienzos fueron muy complicados, pues llegó con un nivel de inglés «un poco básico, y eso me pasó factura las primeras semanas, ya que al tener que usarlo cada hora, todos los días, se me hizo cuesta arriba poder entender a la gente y poder expresarme». Sin embargo, admite que, a pesar del carácter «seco» de los ingleses, lo acogieron y trataron como si estuviera en casa, y con el paso del tiempo fue mejorando con el idioma, tanto que en la actualidad hasta su pareja le dice a modo de broma que cada día es «más inglés».
Sobre las principales diferencias culturales, el lagunero comenta risueño que «si me dieran una libra cada vez que alguien me pregunta si me voy a echar la siesta a mediodía, sería rico». Pero nada más lejos de la realidad, ya que, según explica, «en Inglaterra apenas hay jornadas partidas, y casi siempre se trabaja de ocho de la mañana a cinco de la tarde», una condición que le gusta bastante, ya que «me deja más tiempo libre para hacer mis cosas, hacer la compra, dar una vuelta o simplemente descansar». En su caso, tiene la suerte de trabajar de lo que estudió, así que, aunque es autónomo, lleva cuatro años subcontratado como electricista para la misma empresa y comenta que «si después de este tiempo siguen confiando en mi trabajo, será que algo estoy haciendo bien».
Como buen español, lo que más echa de menos es la comida, pues, «la gastronomía es otro mundo». «Aquí no hay una cocina inglesa como tal más allá del fish and chips y los roast dinners de los domingos». Además, apunta que los horarios también son muy diferentes, y a pesar de que él intenta comer y cenar a unas horas «aceptables», admite que sus amigos a las seis y media de la tarde ya han cenado.
De la misma manera, algo que le encantaría llevar a Plymouth es el balonmano, un deporte del que es muy aficionado y que practicaba mientras vivía en Laguna. Revela que en Inglaterra «no hay mucha cultura de este deporte, y aunque he intentado traerlo desde hace años, es muy difícil empezar desde cero y asentar esta modalidad cuando no es tan conocida».
Santiago admite que en alguna que otra ocasión se le ha pasado por la cabeza volver a nuestro país, pero concluye que «al final del día me doy cuenta de que ya he hecho aquí mi vida, y volver a España, aún con el apoyo de mi familia y amigos, sería igual de complicado que cuando vine a Inglaterra». Eso sí, confiesa que una idea que le ha pasado por la cabeza es ir a vivir a Alemania, ya que es un país que siempre le ha atraído culturalmente, «pero últimamente también me parece buena opción Australia».
Por el momento, sostiene que se quedará donde está, pues Plymouth «se ha convertido en mi hogar», algo que, echando la vista atrás, le parece «una locura», ya que «si me hubieran dicho hace diez años que estaría viviendo fuera de España no me lo hubiese creído». Y aunque esos destinos suenan «apetecibles» de cara al futuro, «y sin hacer muchos planes, ya que no me gusta pensar en ello», su idea es comprar una casa en Inglaterra.
Después de su experiencia, el lagunero anima a cualquier persona a «cumplir sus sueños, viajar y asentar su vida en otros países». «No hay que tener miedo de tirarse a la piscina, pues si de algo podemos estar orgullosos los españoles es de nuestra capacidad para adaptarnos allá donde vamos y a todo lo que nos venga, y si no funciona, nuestra España siempre estará ahí para recibirnos de nuevo».










